En el barrio Viejo Puerto Rico, ubicado a orillas de una cañada en Santo Domingo, una madre dominicana enfrenta un proceso judicial para proteger a su hija de siete años de presuntos abusos sexuales cometidos por el vecino Agustín Patiño. La investigación del programa Código Calle detalla que la menor era acechada mientras realizaba mandados desde la casa de sus abuelos, donde permanecía cuidada durante las jornadas laborales de la progenitora. Los indicios surgieron tras exámenes médicos el 25 y 26 de enero que revelaron sangre en la orina, acompañados de cambios conductuales como aislamiento y rechazo a la escuela.
La niña relató de forma consistente que Patino la tocaba en sus partes íntimas y le daba besos en los senos en al menos cinco ocasiones, generalmente a las ocho de la noche en el callejón oscuro y sin testigos. La madre y su madrina confrontaron a la pequeña, quien juró por Dios la veracidad de su historia. Sin embargo, la abuela y la tía que criaron a la denunciante minimizan los hechos por no haber sido testigos directos y piden resolver el asunto en familia por respeto al sacerdote Juan Carlos Patiño, hijo del acusado.
El sacerdote Patiño ha defendido la inocencia de su padre, afirmando que es un hombre serio y que el proceso podría provocarle un infarto fatal. Tras la querella, la familia del acusado abandonó el barrio y se instaló en Villa Carolina 3, sin lograr contacto directo. La madre exige acción de las autoridades de violencia de género, pues los abusos, aunque sin penetración, violan la integridad de la menor. El caso divide al sector, donde vecinos temen hablar por temor a represalias en este entorno vulnerable.