Si bien existe un abismo entre el lenguaje y las formas de uno y otro, Ángel “Aroboy” Santana y Manny Acta son amigos inseparables desde la infancia en Consuelo, San Pedro de Macorís, y tan pronto el último se estrenó como arquitecto de equipos en la Lidom (con el Licey entre 2013-2016 y Águilas desde 2016) el primero ha sido su hombre de mayor confianza.


Pero los bonos de Aroboy hoy cotizan más a la baja alrededor de las cuyayas que las acciones de una tóxica mina de carbón en Wall Street.


El sábado, los jugadores del equipo pidieron al presidente Adriano Valdez Russo que prohibiera la presencia del asistente de Acta, tanto en el clubhouse como el dugout, tras varias discusiones fuera de tono con peloteros del club.


Así lo reveló una fuente de entero crédito del club amarillo, que pidió a DL anonimato. Aroboy habría puesto en el mercado al emblemático jardinero Juan Carlos Pérez y un equipo del Este estuvo interesado. En medio de esa crisis, el cubano Félix Pérez dejó el equipo.


Fue Santana quien se destapó a criticar al cesanteado dirigente Lino Rivera, de quien dijo no hacía caso ni a los reportes estadísticos que le suministraba el departamento de operaciones y que estaba más pendiente de las jugadas de caballos en Puerto Rico a la confección de la alineación.


La crisis en torno a la mano derecha de Acta y los resultados en el terreno ponen en duda la renovación del contrato del ex dirigente de Grandes Ligas, que en octubre se anunció sería por tres temporadas.


El agente de Acta, Ulises Cabrera, entregó un borrador para el nuevo pacto, pero en el Consejo Directivo hay renuencia casi colectiva a firmarlo, dado que no están conforme con el equipo que ha colocado en el terreno y le enrostran que todas las decisiones las ha tomado él, incluyendo licenciar una gloria del club como Félix Fermín.


“Ese contrato no se puede firmar como un cheque en blanco, hay que analizarlo, hay que estudiarlo. Lo que se le ha dicho al presidente es que por favor se concentre en resolver los problemas en el dugoutcon Aroboy”, dijo la fuente, que entiende hay un movimiento “desestabilizador” que ha salido de un sector “interesado”.



El pitcheo ha fallado


La tabla de posiciones del torneo Vladimir Guerrero ha sido lo más parecido a una montaña rusa. El 15 de noviembre, las Águilas descansaron en el primer puesto (14-11) igualadas con las Estrellas, con tres juegos de ventaja de los sotaneros Licey y Toros (11-14).


Pero las siguientes dos semanas han sido para el olvido en Santiago, no acostumbrado a inclinar la vista hasta el fondo para encontrar a su equipo en el standing (16-20).


Las cuyayas jugaron ese trayecto para 2-9, con rachas de cuatro y cinco derrotas.


Pero lo que dicen los box scores y las estadísticas acumuladas (tradicionales y de última generación) es que el pitcheo ha fallado a los amarillos, que en la racha han sido sobreanotado 57-39 (-18).


Las Águilas tienen la segunda peor efectividad del torneo (3.57 cuando la media es 3.15), es el conjunto que más boletos otorga (119) y que menos ponches propina (258), va en la cola en salvados (7), en holds (22 cuando las Estrellas tienen 36) y encabeza jonrones permitidos (23), tiene el segundo mayor número de wild pitch (35) y su WHIP es el peor (1.21).


Otra estadística sabermétrica diagnostica el mal síntoma en el montículo. Se trata del FIP o defensa independiente del pitcheo, que mide la prevención de carrera de los lanzadores sin la ayuda de los otros ocho jugadores en el campo.


La novena que ahora dirige Rodney Linares tiene el peor FIP del torneo con 3.75 cuando la media es de 3.15 y Licey y Escogido rozan 2.67 y 2.81, respectivamente.


Los actuales monarcas han definido 16 de sus partidos por diferencia de una carrera (8-8) y le ha costado encontrar el sustituto de Josh Judy.


Fuente: Diario Libre.