¿Por qué en el Caribe muchos pronuncian la letra “r” como si fuera una “l”?


Cuando un hispanohablante no caribeño quiere imitar el español de dicha región, es usual que caiga en la tentación de decir: “Puelto Lico”.


Pues, aunque muy extendida, esa imitación está errada.
“Cambiar la letra erre por la ele es uno de los rasgos más característicos del español caribeño”, reconoce a BBC Mundo la lingüista cubana Roxana Sobrino, quien ha investigado este fenómeno.


“El problema es que, al estereotipar, muchos suelen cambiar la erre por la ele en lugares donde jamás lo haríamos”, continúa.


La llamada lateralización de la erre implosiva o lambdacismo es un fenómeno fonético que consiste en pronunciar la letra “l” cuando hay una “r” en la posición final de una sílaba.


Por eso, un caribeño podría llegar a decir “calol” en lugar de “calor”, “velde” en vez de “verde” y, por supuesto, “Puelto”… pero nunca “Lico”.


A orillas del mar Caribe
Así como existe un español castellano, uno rioplatense y uno andino, por citar algunos ejemplos, cada uno con sus características particulares, hay una variedad de la lengua bañada por las aguas del mar Caribe.


Donde sí hay consenso es en que el eje de esta zona dialectal está en las Antillas hispánicas, es decir, en Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.


¿Por qué la “r” por la “l”?
“Los orígenes del español caribeño constituyen una de las polémicas más candentes de la dialectología hispánica”, escribe la estadounidense Carol A. Klee en su investigación “El español en contacto con otras lenguas”.
Entre las múltiples teorías, hay tres principales.


La llamada “teoría andalucista”, explica Klee, “propone que las variedades del español habladas en el Caribe reflejan la preponderancia de los colonos andaluces y canarios en la región, y los íntimos lazos marítimos, comerciales y culturales que ellos mantuvieron con varias zonas del Caribe en siglos posteriores”.


“A Cuba, por ejemplo, fueron trasladados unos tres cuartos de millón de esclavos en menos de un siglo y en el primer cuarto del siglo XIX los esclavos africanos representaban el 40% de la población total de la isla”, cita Sobrino en su tesis sobre el español antillano, publicada en noviembre pasado.


Muchas de estas lenguas africanas no tienen la erre vibrante, por lo que terminaban pronunciándola como ele, un sonido que sí les resultaba familiar.


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Fuente: BBC Mundo