Gritos pidiendo silencio, el ruido de las sirenas y oleadas de polvareda se entremezclan en las calles de la Ciudad de México, donde la incertidumbre reina en los numerosos rescates desencadenados tras el fuerte terremoto de magnitud 7,1 en la escala de Richter que ya ha dejado al menos 217 muertos en el país, 86 de ellos en la capital. El gobierno decretó tres días de luto nacional.


Los equipos de emergencia han solicitado a la población la donación de mazos, motosierras, brocas de barrenado y serruchos para continuar con la remoción de escombros, así como de radios para mantener la comunicación entre los rescatistas.


En la zona de Lindavista, los trabajadores luchan para rescatar a seis personas que quedaron atrapadas en un edificio donde se desplomaron tres pisos de la estructura, luego de escuchar signos de vida al interior. Los rescates se centraban en la zona sur y en el corredor Roma-Condesa, exclusivo sector conocido por sus bares y restaurantes y donde viven numerosos extranjeros. En parques públicos aledaños se instalaron campamentos en donde se reunía ayuda para rescatistas y damnificados. Numerosas personas durmieron en la calle sobre cobijas o dentro de tiendas de campaña. Además, la atención estaba puesta en la escuela Enrique Rébsamen, cuya estructura fue derrumbada ante el movimiento y aplastó a decenas de niños. Reportes de prensa informan que al menos 32 menores y cinco adultos fallecieron en el lugar.





Durante la noche, cientos de personas llegaron al lugar para ayudar en las tareas y se logró rescatar a al menos 14 estudiantes.




La Secretaría de Educación Pública (SEP) decretó que este miércoles se suspendieran de clases de todos los planteles de la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Tlaxcala, Estado de México, Hidalgo y Michoacán. Asimismo, la institución informó de que en la Ciudad de México se tienen contabilizadas, de forma preliminar, 209 escuelas afectadas, 15 con daños mayores.







Gran parte de los capitalinos no durmieron, temerosos de una fuerte réplica y pendientes de los rescates en la cuarentena de edificios colapsados en Ciudad de México, que el 19 de septiembre de 1985 quedó parcialmente destruida por un sismo de 8,1 grados que dejó más de 10.000 muertos. En los estados de Puebla y Morelos, donde se registró el epicentro del sismo a las 13.14 locales (18.14 GMT) del martes, también continuaban las tareas de rescate en viviendas y construcciones destruidas. Se calcula que hay unas 2.000 viviendas afectadas en Morelos, principalmente en el municipio de Jojutla. No obstante, el gobernador Graco Ramírez informó que no se registran personas atrapadas entre los derrumbes.





“Fuerzas Armadas y Policía Federal seguirán trabajando sin descanso hasta agotar todas las posibilidades de encontrar más personas con vida”, escribió en Twitter el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio.






Con un puño levantado o al grito de “¡Silencio!”, los rescatistas -desde los llamados Toposque se especializaron en recate con el sismo de 1985, hasta civiles voluntarios- no pararon durante la madrugada con la esperanza de escuchar algún ruido que indicara que había un sobreviviente entre los escombros. Mientras se excavaba y retiraban escombros en botes de plástico que son pasados de mano en mano, un Topo se internaba en un boquete en busca de sobrevivientes. Cuando lo conseguía, el silencio se rompía entre vivas y aplausos.



Fuente: Infobae