screen-shot-2016-11-13-at-11-44-11-amDANVILLE, California, EE.UU. Fueron los afortunados que regresaron a casa desde Vietnam. Ahora, medio siglo más tarde, algunos veteranos están descubriendo que ellos también son víctimas de la guerra.


El enemigo es un asesino conocido en algunas partes de Asia: parásitos ingeridos en pescado de río crudo o mal cocinado. Estos parásitos hepáticos se adhieren al revestimiento del conducto biliar y, con el tiempo, causan inflamación y cicatrizan. Décadas después de la infección puede desarrollarse un raro tipo de cáncer, llamado colangiocarcinoma. Los síntomas no suelen presentarse hasta fases avanzadas de la enfermedad.


Ralph Erickson, director de los servicios sanitarios del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés), dice que en los últimos 15 años unos 700 pacientes con colangiocarcinoma han pasado por el sistema médico de la agencia. En algunos casos, el gobierno ha reconocido que la enfermedad está “tan probablemente como no” relacionada con su tiempo de servicio. Según los estándares de la VA, esto es suficiente para que puedan obtener ayudas.


Sin embargo, menos de la mitad de los 700 afectados presentaron reclamaciones, en parte porque desconocían el posible vínculo con su etapa en el ejército. De las solicitudes presentadas, tres de cada cuatro fueron rechazadas, según los datos obtenidos por The Associated Press a través de la Ley de Libertad de Información.


Como resultado de esto, algunos veteranos pasan sus últimos días batallando contra la agencia. Dicen que nunca se les dijo que podrían estar en peligro, a pesar de estar desplegados en una región donde estos gusanos son endémicos.


“Difícil de creer”, dijo el veterano Michael Baughman, de 64 años, sentado en su sala de estar en Danville, California, mientras ojea un álbum de fotos de su época como soldado. “Esquivé todas esas balas y entonces me mata un pescado”.


Baughman fue reclutado a finales de 1970 y enviado al centro de Vietnam para hacer misiones de reconocimiento cerca de Hue. Gracias en parte a haber crecido cazando en las montañas de West Virginia, demostró un don para detectar las ramitas u hojas que el enemigo dejaba dejado fuera de su lugar. A pie y abriéndose paso en la jungla con un machete, estaba encargado de localizar trampas y potenciales emboscadas.


A menudo durante sus largas patrullas, dijo que su unidad solía quedarse sin raciones de comida y pescaban su cena cerca de la frontera con Laos.


Los hombres cocinaban la comida de la mejor forma que podían sobre una llama azul sin humo, pero nunca se cocinaba totalmente.


No había pensado mucho en ello hasta que hace tres años se sometió a una revisión médica. Sus análisis sanguíneos indicaron que podría haber un problema con su hígado. Nuevo exámenes revelaron que padecía cancer del conducto biliar.


El médico privado de Baughman escribió una carta destacando la conexión entre los parásitos biliares y el tipo de cáncer que padecía. Un doctor de la VA también reconoció que los parásitos son un factor de riesgo primario pero no se mostró totalmente convencido de que la enfermedad de Baughman estuviese relacionada con su servicio en Vietnam.


Las peticiones del veterano para obtener ayudas fueron rechazadas dos veces en 2015. Ahora está a la espera de la resolución de su última apelación.


Se estima que este tipo de parásitos infectan a 25 millones de personas en todo el mundo. Los parásitos se encuentran principalmente en partes del sudeste asiático, China y Corea del Sur, donde residentes y turistas se exponen a infecciones de tipos específicos de peces de agua dulce como la tilapia y la carpa.


En Estados Unidos, el colangiocarcinoma es una enfermedad extremadamente rara, con aproximadamente 5.000 diagnósticos anuales, incluyendo algunos migrantes asiáticos que ingirieron peces contaminados en sus países de origen. Otros factores de riesgo en la enfermedad son hepatitis B and C, cirrosis y piedras en los conductos biliares.


Los datos de la VA, recogidos tras una investigación de AP, muestran que el número de solicitudes de ayudas por este tipo de cáncer se ha multiplicado por seis desde 2003. Las peticiones alcanzaron su máximo el año pasado con 60, y caso el 80% fueron rechazadas. Las decisiones parecen ser fortuitas. Algunas reciben el visto bueno automáticamente mientras que otras, presentadas con las mismas pruebas, son descartadas. Algunos rechazos se basan en el hecho de que los parásitos no se hallaron en las muestras de heces, pero estas pruebas se realizaron años después de la muerte de los gusanos.


 


Fuente: Diario Libre.