EEUU


Cuba y la República Dominicana representan, respectivamente, la cara y la cruz del narcotráfico en la región caribeña, de acuerdo con el informe anual de tráfico de drogas en el mundo entregado al Congreso de EE.UU. por parte del Departamento de Estado.


La República Dominicana sigue siendo “un importante país para el tráfico de drogas ilegales” desde Suramérica hacia Norteamérica y Europa, indicó el Gobierno estadounidense, que estimó que aproximadamente el 6 % de la cocaína consumida en esos mercados llega a través del país caribeño.


Además, el informe apuntó que la República Dominicana está experimentando “un incremento” de la violencia vinculada a la droga, “en parte atribuible” a las operaciones que mantienen organizaciones de traficantes con sus socios en el país y que tienen como consecuencia el desarrollo de “bandas locales”.


Estas bandas luchan de manera violenta por el “control de la distribución doméstica de droga”.


“República Dominicana mantuvo su cooperación con el Gobierno de EE.UU. en 2015 para prohibir las drogas ilícitas y extraditar a los criminales, incluyendo a aquellos contra quienes pesan cargos por cuestiones relacionadas con los narcóticos”, concluyó el Departamento de Estado.


EE.UU., sin embargo, criticó las dificultades en la lucha contra el narcotráfico derivadas de la “corrupción” en el país.


En una situación similar a la de República Dominicana se encuentra su vecino Haití, por cuyas “fronteras porosas” transita la marihuana jamaicana y la cocaína suramericana hacia EE.UU. y otros mercados.


El narcotráfico “se aprovecha” de la “falta de control” en las fronteras marítimas haitianas.


EE.UU. atestiguó que el Gobierno de Haití avanzó en 2015 en el “fortalecimiento” de los cuerpos policiales y de sus unidades antinarcóticos, pero lamentó que la “poca efectividad judicial” del país sigue “impidiendo” los enjuiciamientos “exitosos” a los traficantes de drogas aprehendidos.


Si República Dominicana y Haití son la cruz del narcotráfico en el Caribe, Cuba es la cara, ya que no es un “consumidor, productor o punto de tráfico” principal de narcóticos ilegales, algo que EE.UU. achacó a unas políticas activas, sentencias estrictas y programas de prevención e información pública nacionales.


“La presencia intensiva de la seguridad y los esfuerzos de prohibición han mantenido la oferta baja y evitado que los traficantes se establezcan”, celebró el Departamento de Estado, que también valoró que la isla dedique “recursos significativos” a la prevención del tráfico y el consumo.