Jovenes


En las últimas décadas el número de fumadores jóvenes ha ido en aumento, ya sea por moda, como método para combatir la ansiedad o, simplemente, porque lo han probado y le gustado, llevándolo a enun hábito.


“Empecé a fumar a los 21 años. En la universidad había un grupo de compañeros que fumaba, estábamos en parciales y me trasnochaba mucho. Un día me puse con ellos a fumar y pasamos la noche estudiando y fumando, nos tomábamos un trago y me quedó la costumbre”, narra Gerardo Pérez, nombre ficticio que utilizó el periodista de 36 años.


Sin embargo, pese a que confiesa que desde que probó el cigarro le gustó, indica que el primer día que fumó sintió un fuerte ardor en la garganta y le causó una tos.|


Esta práctica la realizaba junto a sus compañeros cada vez que se reunían, por lo que la fue asumiendo como un hábito cada vez que le tocaba amanecer “estudiando o rumbeando”.


“Se me hizo como un hábito, pero nunca en público porque me daba vergüenza porque sentía que eso era estúpido, un vicio estúpido y yo lo criticaba toda la vida, si veía a alguien fumando lo criticaba, entonces empecé a fumar y me apenaba”, revela.


El comunicador indica que hace unos años, cuando se disponía a fumar su cigarrillo, al llevárselo a la boca sintió una horrible nausea, según narra, cree que su cuerpo lo rechazó ese día, desde entonces, aunque reconoce los efectos negativos que puede causar a la salud el consumo del cigarrillo, indica que ha ido abandonado el hábito poco a poco, pero que fuma esporádicamente como una manera de relajarse cuando tiene una “carga laboral muy grande” o cuando ingiere mucho alcohol, porque “me ayuda asentirme más tranquilo”.


En la situación de este periodista se encuentran miles de jóvenes tanto en el país como en el mundo.


Aunque Mercedes Marte tiene 50 años en la actualidad, se inició en la práctica desde muy niña. Recuerda que cuando vivía en Esperanza, Valverde, empezó a usar tabaco de los que cosechaban sus padres y que cuando se trasladó a la capital, a los 15 años, empezó a fumar cigarrillos.


“Pese a que he escuchado el daño que causa a los órganos y he visto a muchas personas enfermarse de los pulmones por esa causa, no puedo dejar de usarlo aunque lo he intentado en varias ocasiones”, narra la ama de casa, madre de dos hijos, quien dice que cuando se siente deprimida, triste o sola, enciende su cigarrillo y con esto “alivia un poquito mi pena”.


La respuestas a estos comportamientos la encontramos al entrevistar a la psicóloga clínica Heidi Camilo, del Centro Vida y Familia Ana Simó, quien explica que la población joven se encuentra en una etapa de aprendizaje y son susceptibles de ser influenciados, por lo que son más vulnerables para iniciar el consumo de cualquier sustancia.


“Ceden a la presión de grupos para encajar por lo que inician el consumo de para estar a la moda”, subraya la experta.


Dijo, además, que desde el punto de vista social, en algún momento en la sociedad el uso del cigarrillo daba prestigio y poder, por lo que los jóvenes para sentirse más independientes se inician en su consumo.


Como en el caso de Pérez, subrayó que los jóvenes fuman en momentos en que se sienten ansiosos o preocupados, debido a que el cigarrillo funciona como un ansiolítico, a través del cual pueden “drenar la angustia”.


“La nicotina es un estimulante que en baja dosis produce un efecto sedante, pero también es aditivo, en principio se ve como un juego pero pueden verse atrapado en una adicción”, advirtió Camilo.