Papa


Serán finalmente 1,071 los llamados “misioneros de la misericordia” que el papa Francisco enviará a todos los rincones del mundo para absolver los pecados, incluso los considerados más graves, como el aborto, durante el Año Santo que concluirá el 20 de diciembre.


El presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización y encargado de la organización del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Rino Fisichella, anunció hoy el número final de estos “misioneros”, una de las novedades de este Año Santo que convocó Francisco.


Fisichella explicó en una rueda de prensa que se había previsto unos movilizar a unos 800 misioneros, pero que al final serán 1.071 “debido a las numerosas peticiones de los obispos y de las candidaturas que han llegado al Vaticano”.


En la bula en la que Francisco convocó el Jubileo se explicaba que estos misioneros serán enviados personalmente por el papa el próximo Miércoles de Ceniza, el 10 de febrero, con una celebración en la basílica de San Pedro, y que deberán ser, físicamente, “símbolos de la Misericordia que la Iglesia está llamada a experimentar durante este año”.


Los misioneros, recordó Fisichella, proceden de todos los continentes, y especificó que llegan de “países lejanos y de fuerte significado” como Birmania, Líbano, China, Corea del Sur, Tanzania, Emiratos Árabes, Israel, Burundi, Vietnam, Zimbabue, Letonia, Timor Este, Indonesia, Tailandia y Egipto, entre otros.


El papa Bergoglio recibirá a cerca 700 de ellos el 9 de febrero y les indicará en un discurso cuál debe ser su misión.


El día siguiente en la ceremonia se les concederá la facultad de absolver los pecados, incluidos aquellos reservados a la sede apostólica, es decir que sólo puede perdonar el papa o los organismos designados por la Santa Sede


Estos son los que implican la excomunión “latae sententiae” (automática) y son “apostasía, herejía, cisma, profanación de la Eucaristía; atentado o violencia física contra el papa o la ordenación de obispos”.


Los misioneros también podrán absolver el pecado del aborto, algo que hasta ahora sólo podían hacer el papa y los obispos.