Visa


El papel central desempeñado por yihadistas franceses y belgas en los atentados de París reactivó las inquietudes en el Congreso estadounidense sobre el acuerdo que permite a los viajeros europeos ingresar sin visa a Estados Unidos y llevó a los legisladores a prometer subsanar las fallas.


Tras los ataques de los hermanos Kuachi en París en enero último, los congresistas estadounidenses ya habían mostrado su preocupación por la libertad de circulación de que gozan las personas provenientes de 38 países que no necesitan visa para viajes menores a 90 días, incluidos 23 de la Unión Europea, Suiza, Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Japón, Singapur y algunos pequeños estados.


Unos 20 millones de personas ingresaron sin visa a Estados Unidos en 2013, según el Departamento de Seguridad Interna, algo más de un tercio de los visitantes temporales. La única formalidad que se les exige consiste en completar un formulario biográfico en línea, el ESTA. La reciprocidad es de rigor: los estadounidenses pueden viajar a estos países sin visa.


A cambio, las autoridades se comprometen a compartir sus ficheros biográficos, criminales y biométricos, y adoptar pasaportes electrónicos. Hasta tiempos recientes, había legisladores que presionaban para que la lista fuera ampliada con el fin de favorecer al sector turístico.


Mientras el tema de los refugiados sirios dominó el debate público tras los atentados en Francia, en virtud del descubrimiento de un pasaporte sirio no autentificado cerca del cuerpo de un kamikaze en el Stade de France, legisladores han advertido que las fallas en el programa de exención de visas son bastante más peligrosas.


El problema, dicen algunos congresistas, es que la UE no comparte lo suficiente sus bases de datos con las autoridades estadounidenses, lo que impide que éstas puedan identificar eventuales yihadistas entre los turistas.


La confusión reinaba en la noche del miércoles sobre la presencia o no de los autores de los atentados del viernes pasado en París en las listas negras estadounidenses. El temor es que algunos de ellos hayan sido autorizados a tomar un avión con destino a Nueva York o Washington gracias a su pasaporte francés.


Los parlamentarios estadounidenses temen también que las autoridades europeas otorguen el estatuto de refugiado a algunos de los 800.000 migrantes llegados al continente en los últimos meses sin haber verificado suficientemente sus antecedentes.


Ese estatuto les permitiría, pasados algunos años, obtener un pasaporte europeo y acceder sin problemas al territorio estadounidense.