article-2551439-1B300FBE00000578-788_634x356Anna Taylor, adicta al bronceado, afirma haber usado una ‘cama para bronceado’ 6 veces a la semana durante 3 años (desde los 18 años hasta los 21). Unas 900 horas en total.


Hoy tiene 33 años. En el 2010 descubrió algo “raro” en su mejilla, un doctor le dijo que no era más que una cicatriz.


No fue hasta 3 años después cuando fue a otro doctor, ya que la “cicatriz” seguía creciendo en la mejilla. Y fue éste quien la diagnosticó con un tipo de cáncer en la piel generado por la exposición a los rayos ultravioletas.


Una cirugía la ayudó a salir del problema. Sacrificó un buen pedazo de su rostro y, 29 puntos después, se puede decir que está curada. Claro, con una cicatriz que va desde el ojo izquierdo hasta la cercanía de su boca.


Esta historia debe tomarse en serio y servir como reflexión para aquellos que aman broncearse de más.