Videos Juegos1China permitirá la entrada de consolas de videojuego después de 14 años de prohibición. ¿será significativa la medida? Después de 14 años de prohibición a la venta de consolas de videojuegos, el gobierno chino decidió esta semana levantar el bloqueo y permitir la venta legal de estos dispositivos en una zona de libre comercio establecida en la ciudad de Shanghái.


La medida ciertamente resulta una sorpresa y puede ser interpretada de varias formas en momentos en los que la industria sufre una especie de reconversión —crisis la llaman algunos— debido a la gran tajada del mercado que hoy está en manos de dispositivos que no son dedicados al juego; en otras palabras, las tabletas y los teléfonos móviles se han convertido en la plataforma ideal para millones de jugadores.


Este escenario no es muy diferente en China, país en el que se calcula hay 490 millones de jugadores que le entregan a esta industria ventas de casi US$14 mil millones. Las cifras resultan reveladoras, pues en estos términos la diferencia entre el país asiático y Estados Unidos, por ejemplo, no es muy grande: US$13,8 mil millones en China contra US$14,8 mil millones en Estados Unidos. Claro, con la enorme diferencia de que el gobierno estadounidense no bloquea la venta de consolas.


Aún más extraño: las ventas crecen en China (38% entre 2012 y 2013), mientras que en Estados Unidos bajan (de un pico de US$16,9 mil millones en 2010 a la cifra actual), de acuerdo con cifras de la Entertainment Software Association. Vista por encima, la medida del gobierno chino parecería una solución a un problema que no existe, pues aparentemente la entrada de las consolas a este mercado podría aportar apenas una pequeña, acaso insignificante, parte de ganancias para los fabricantes.


Otra de las razones para el cambio de política de las autoridades chinas podría ser, como lo insinuó esta semana Eric Pfanner en The New York Times (una tesis que, por cierto, ha sido esbozada por otros sectores), que la legalización de las consolas obligaría a los fabricantes a pasar por un proceso de aprobación de los juegos como tal, tarea de la que se encargaría un organismo cultural estatal que puede que no mire con buenos ojos ciertos títulos en los que el ejército estadounidense arrasa con partes del globo como Afganistán o Irak (un poco como lo ha hecho en la vida real); títulos que en Estados Unidos se ubican, al menos, entre los tres primeros en ventas al público.


Decir que todo es hecho en China parecería algo cercano a la sabiduría popular por estos días. Y esto no excluye al contrabando y la llamada piratería. En un país que prohíbe la venta de consolas de videojuego, contra todo pronóstico, el año pasado hubo ventas de estos dispositivos por US$15 millones.


La decisión del gobierno chino es temporal, pues podría ser revocada en cualquier momento, y el anuncio de esta semana es parte de un proceso que aún continúa, según un portavoz de Nintendo citado por el diario británico The Guardian. De llegar a feliz término, o sea a la libre entrada de consolas de videojuego a uno de los mercados más grandes del planeta, ¿qué implicaciones tendrá para la industria o para los jugadores? O, acaso, ¿será el principio del anunciado fin de la era de las consolas?