Sentirse Deseado Ayuda Deseo Sexual

cariciaMuchas veces nos preguntamos dónde se va el deseo sexual cuando termina una relación, o cuando en ella no hay más que monotonía y apatía. O bien cuando los errores de relaciones pasadas pesan tanto que no puedes ni quieres volver a sentirlo. ¿Está dormido el deseo sexual? Recuperarlo es más sencillo de lo que parece y, además, está sólo en nuestras manos.


Tócame otra vez. Revivir el deseo sexual (Editorial Anaya) es la última publicación de Miguel Costa Cabanillas, psicólogo clínico y director del Centro de Promoción de Hábitos saludables del Ayuntamiento de Madrid, y de Ernesto López Méndez, médico especialista en medicina familiar y comunitaria. Con esta obra pretenden poner sobre la mesa todas las claves y herramientas para volver a sentirse sexualmente vivo.


Dos son las claves fundamentales, explica a El Mundo Miguel Costa. La primera es “sentirse deseado, lo que conlleva pasar a la acción que te permita ganar atractivo y autonomía”. Y el segundo componente para ganar atractivo es “cuidar el cuerpo y el comportamiento mejorando la autoimagen, la autoestima, desarrollando actividades que tengan sentido y, sobre todo, relacionándose bien”.


Una mariposa azul es el elemento clave del libro. Ambos profesionales, que tienen además una larga y dilatada experiencia en el ámbito educativo y de la salud, habiendo recibido en el año 2010 el premio de Cultura en Salud, usan una mariposa (azul) como metáfora para explicar que la vida está en nuestras manos, y que cambiar sólo depende de nosotros.


“Es a cada persona a quien compete tomar las decisiones que afectan a su vida, incluida la decisión de introducir cambios en la propia vida, porque somos biografías inacabadas que nacemos y nos rehacemos constantemente”, comenta Costa. Por ello, explica, a las personas que vienen a consulta a pedirnos ayuda, jamás les decimos lo que tienen que hacer ni les damos consejos. “Sencillamente, deliberamos y preguntamos hasta qué punto les importa o no mejorar su vida, introducir cambios, si tal vez el deseo se anestesió, y les merece recuperarlo. Pretendemos emponderar de manera que sean ellos quienes asuman las riendas y la gestión de su vida y eso pasa por tomar decisiones”. Los cambios, dice, no se producen en el ámbito de la reflexión, sino de la acción.


“Los errores pasados nos condicionan pero no nos determinan”, mantiene convincente Costa. El pasado de mañana, comenta, es hoy y hasta ahora las cosas han ocurrido como han ocurrido pero a partir de ahora las cosas pueden ser diferentes si yo decido y comienzo a introducir cambios en mi vida. Somos, tal como apuntaba, biografías inacabadas.


Por otro lado, las emociones tampoco nos determinan: “Hay quienes dicen que no hacen tal cosa porque están desanimados y pareciera que la causa de no hacerla fuera la emoción, en este caso, el bajo ánimo. Pero ¿acaso no hacemos en la vida cosas sin tener el ánimo de hacerlas? ¿O no afrontamos situaciones a pesar de tener cierto temor de afrontarlas? Basta que comencemos a actuar para que las emociones cambien”, afirma. Lo importante, por tanto, es pasar a la acción. Hay quienes a pesar de sentir un gran abatimiento por los errores pasados pueden decidir pasar a la acción e implicarse en actividades, tales como hacer ejercicio físico o salir con amigos, porque les importa estar bien y porque así lo deciden.


El autor reflexiona de este modo: “Podemos quejarnos y lamentarlos por las cosas que no han ocurrido en el pasado como yo quisiera y decir: ¡No tengo obligación de cambiar!. Ahora bien, ¿me importa o no me importa? ¿A dónde me conduce? Puedo también tomar otra decisión, como la mariposa azul, porque la vida y mi futuro dependen de cómo yo decida montármelo y, por tanto, aun sin ganas, puedo salir, arreglarme y sonreír.


Hay quien dijo que una persona llora porque está triste pero también está triste porque llora y, de esta manera, el contexto de alrededor sanciona la tristeza”. No conviene, por tanto, luchar contra las emociones. Sencillamente, apunta el experto, hay que aceptarlas porque son pasajeras, sobre todo si tomamos decisiones de pasar a la acción y echarnos un ‘amante metafórico’, es decir, una actividad que me interese, un deporte, una afición, salir con amigos, tener un amante real… Estar, en definitiva, activo y bien conectados con el ambiente en el que vivimos.