0010607572 (1)Un campesino encontró fotos y ladrillos con esvásticas en un rancho cercano a San Pablo y un historiador descubrió que una familia encerró allí a 50 huérfanos porque “no le gustaba la gente negra”


Un equipo de fútbol posa para una fotografía en una granja a 160 kilómetros de San Pablo. La imagen data de la década del 30 y no tendría que ser llamativa si no fuera por la enorme esvástica en la bandera que sostiene uno de los jugadores.


“Nada explica la presencia de una esvástica aquí”, explicó Jose Ricardo Rosa Maciel a la cadena BBC, quien trabajó como ranchero en la granja Cruzeiro do Sul. Un día encontró esa foto y comenzó a resolver el rompecabezas.


Era la segunda vez que Maciel encontraba símbolos nazis a su alrededor. La primera fue en los chiqueros de los puercos. “Un día los cerdos rompieron una pared y cuando miré entre los ladrillos caídos, pensé que estaba alucinando”. Cada bloque estaba grabado con una esvástica en uno de sus lados.


Muchos investigadores han destacado cómo en el período entre las dos guerras mundiales, Brasil tuvo conexiones con la Alemania nazi. Fueron aliados económicos y en Brasil se forjó el mayor partido fascista fuera de las fronteras de Europa, con más de 40.000 miembros.


Gracias al hallazgo de Maciel y a las investigaciones del historiador Sidney Aguilar Filho, se descubrió la historia detrás de la granja Cruzeiro do Sul y sus estrechos vínculos con los fascistas brasileños.


El profesor Filho estableció que el rancho había sido propiedad de los Rocha Miranda, una familia de empresarios industriales de Río de Janeiro. El padre, Renato, y dos de sus hijos, Otavio y Osvaldo, eran miembros de Acao Integralista Brasileira, una organización de extrema derecha simpatizante de los nazis.


La granja se utilizaba como brutal campo de trabajo de niños abandonados. “Encontré la historia de 50 niños, de alrededor de 10 años de edad, que fueron recogidos de un orfanato de Río de Janeiro. Llegaron en tres oleadas, la primera de 10 llegó en 1933”. Según los documentos que Filho descubrió, Osvaldo Rocha Miranda solicitó y obtuvo la autorización para ser el guardián legal de los huérfanos.


“El mandó a su chofer por nosotros, quien nos dejó en una esquina”, recuerda Aloysio da Silva, de 90 años, uno de los primeros huérfanos reclutados para trabajar en la granja. “Osvaldo apuntaba con un bastón. ‘Trae a ese para acá, a ese también’, decía. Y de 20 niños seleccionó a 10”.


“Nos prometió hasta la luna. Nos dijo que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Pero era todo un engaño. Repartieron un azadón a cada uno y nos pusieron a limpiar el terreno”, señaló el anciano.


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Los niños eran azotados de forma sistemática con una palmatoria, una paleta de madera con huecos especialmente diseñados para reducir la resistencia al viento y causar más dolor. No eran llamados por sus nombre sino por números y varios perros guardianes se aseguraban de que permanecieran ordenados en fila.


“Uno de los perros se llamaba Veneno, el macho. La hembra era Confianza”, contó Da Silva, que aún vive en la zona. “Normalmente prefiero no hablar de lo que pasó”.


Otro de esos niños era Argemiro dos Santos, que actualmente tiene 89 años. “No les gustaba la gente negra”, recordó. “Había varios castigos que se imponían con regularidad, desde no alimentarnos hasta los golpes con la palmatoria. Dos golpes, en ocasiones. Lo máximo eran cinco, porque era lo que, como mucho, podía aguantar una persona”.


“Tenían fotografías de Hitler y estábamos obligados a saludar cuando pasábamos. Yo no entendía nada”, advirtió Da Silva.


Pero algunos miembros actuales de la familia Rocha Miranda aseguran que sus antepasados dejaron de apoyar a los nazis mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. Maurice Rocha Miranda, sobrino-nieto de Otavio y Osvaldo, niega además que los niños fueran tratados como esclavos.


Rocha Miranda aseguró al periódico Folha de Sao Paulo que los huérfanos del rancho “tenían que ser controlados, pero nunca fueron castigados o esclavizados”. Pero el profesor Filho cree más en los testimonios de las víctimas.