Una mujer china que ha mantenido a su hijo encerrado en una jaula durante 42 años, ha hecho un llamamiento para que alguien cuide de él después de que ella muera, informa "DailyMail". Peng Weiqing, de 48 años, ha vivido desde los seis años dentro de una jaula en la casa de su madre en la ciudad de Zhengzhou, capital de la provincia central china de Henan. Esta cruel e inhumana manera de tratar a su único hijo tiene una explicación para Peng Waimei, de 80 años: protegerle. Waimei y su difunto esposo encerraron a su hijo lejos y lo alimentaban a través de los barrotes después de que sufriera problemas de salud en si infancia. Weiqing era un bebé cuando una fiebre muy alta le provocó daños cerebrales, que derivaron en graves ataques epilépticos. Ante el temor de que se hiciera daño y la falta de recursos económicos para pagar un tratamiento, el matrimonio decidió construir la jaula, que fue agrandando a medida que el niño crecía, en la que ha pasado toda su vida. "Weiqing no puede controlarse. Cuando era joven, se lesionaba con cuchillos o con residuos de vidrio. Incluso al caminar, podía caerse sin justificación aparente y golpearse en la cabeza", explicó la anciana. "Él me debe conocer, a pesar de que no conoce el significado de «madre»". Con el padre de Weiqing muerto, su madre tiene miedo por el futuro de su hijo cuando ella muera y no pierde la esperanza de encontrar a alguien que quiera cuidar de él.Una mujer china que ha mantenido a su hijo encerrado en una jaula durante 42 años, ha hecho un llamamiento para que alguien cuide de él después de que ella muera, informa “DailyMail”.


Peng Weiqing, de 48 años, ha vivido desde los seis años dentro de una jaula en la casa de su madre en la ciudad de Zhengzhou, capital de la provincia central china de Henan. Esta cruel e inhumana manera de tratar a su único hijo tiene una explicación para Peng Waimei, de 80 años: protegerle.


Waimei y su difunto esposo encerraron a su hijo lejos y lo alimentaban a través de los barrotes después de que sufriera problemas de salud en su infancia.


Weiqing era un bebé cuando una fiebre muy alta le provocó daños cerebrales, que derivaron en graves ataques epilépticos. Ante el temor de que se hiciera daño y la falta de recursos económicos para pagar un tratamiento, el matrimonio decidió construir la jaula, que fue agrandando a medida que el niño crecía, en la que ha pasado toda su vida.


“Weiqing no puede controlarse. Cuando era joven, se lesionaba con cuchillos o con residuos de vidrio. Incluso al caminar, podía caerse sin justificación aparente y golpearse en la cabeza”, explicó la anciana. “Él me debe conocer, a pesar de que no conoce el significado de «madre»”.


Con el padre de Weiqing muerto, su madre tiene miedo por el futuro de su hijo cuando ella muera y no pierde la esperanza de encontrar a alguien que quiera cuidar de él.