mandela“La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad”, dijo alguna vez Nelson Mandela.


Este jueves cinco de diciembre falleció el hombre que durante años luchó contra la segregación de la raza negra en Sudáfrica, quizá no hay mejor frase que describa al nobel de paz y primer presidente negro de esta región, el hombre que sin renunciar a su lucha ocupó por más de 27 años la celda 46664.


Nelson Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918, y como todos los negros de su país en ese momento, sufrió desde pequeño la discriminación. Estaba destinado a ser el jefe heredero de su tribu, un derecho al que renunció.


Para 1943 comenzó sus estudios de derecho, siendo el único africano nativo de su clase. Allí conoció a personajes como Walter Sisulu, quienes serían como sus hermanos al estrechar fuertes lazos y compartir su ideal, su lucha.


Quienes más lo quieren y respetan le dicen Madiba, un título honorífico otorgado por los ancianos del clan de Mandela. Tata, como también le llaman, fundó en 1944 la rama juvenil del Congreso Nacional Africano (ANC) con la que lucharía contra la política gubernamental del apartheid, por la inclusión de su raza, por la igualdad de Sudáfrica.


En algún momento de su lucha también recurrió a las armas, quizá como un intento desesperado para buscar su sueño a través de la resistencia. Fue así como creó el brazo armado de la ANC.


En enero de 1962 emprendió una gira africana para hallar respaldo político y financiamiento para su organización, a su llegada fue juzgado por abandono ilegal del país y rebelión y lo condenan a cinco años de prisión, un vaticinio, quizá, de los años que más tarde pasaría tras las rejas.


En un juicio que tardó desde octubre de 1963 hasta junio de 1964, y donde él fue su propia defensa, fue condenado a cadena perpetua. Mandela quizá fue el preso político más famoso, durante este tiempo encarcelado tuvo que sufrir la muerte de su madre e hijo, entierros a los que le fue prohibido ir, tiempos difíciles, sin embargo no tanto como para que abandonara su causa.


El 11 de febrero de 1990 el gobierno de Frederick de Klerk anunció una de las decisiones más esperadas por los sudafricanos, la libertad de Nelson Mandela. Siempre recalcó: “deja que la libertad reine. El sol nunca se pone sobre tan glorioso logro humano”.