toleSanto Domingo.- Durante muchos años la extradición a Estados Unidos era el gran terror de los narcotraficantes de América Latina, pues ese procedimiento garantizaba condenas rigurosas que se cumplían en cárceles sin privilegios, desconexión de sus estructuras criminales y un descalabro económico.


Tanto así, que una de las más cruentas guerras declaradas por un grupo criminal contra un Estado fue la desatada por Pablo Escobar y su Cartel de Medellín en Colombia para evitar que ese país impusiera la extradición.


La otra cruzada fue la que libraron las autoridades de ese país contra el Cartel de Cali, el cual pudo ser descabezado porque se implementó la estrategia de atacarle el “bolsillo”, que consistía en reducir su capacidad económica, acción que llegó a tal punto de que en 2008, en el estado de la Florida, se debatía si se permitía que los hermanos Rodríguez Orejuela pagaran sus abogados con el dinero proveniente del narcotráfico.


Sin embargo, ambas estrategias parecen haber sido relegadas por Estados Unidos frente a los grandes narcotraficantes dominicanos, los cuales han visto en la extradición la posibilidad de tener penas irrisorias y conservar gran parte de sus fortunas.


Los principales narcotraficantes dominicanos han logrado con Estados Unidos penas reducidas y preservar parte importante de sus bienes. Casos como los de Quirino Ernesto Paulino, Ernesto Bienvenido Guevara Díaz, José David Figueroa Agosto, Antonio del Rosario Puente, Carlos Rossó Peña y Miguel Antonio Suárez Silfa han salido “en coche” frente a la Justicia norteamericana, al lograr grandes concesiones, las cuales van desde pocos años de cárcel  hasta preservar parte importante de sus fortunas generadas por el narcotráfico.