polloUn juez de Sevilla ha condenado al Servicio Andaluz de Salud (SAS) a pagar una indemnización de 320.446,54 euros a una mujer de 44 años, vecina de la localidad de Écija, a la que no diagnosticaron que se había atragantado con un hueso de pollo pese a ir hasta diez veces al hospital en un plazo de 13 días, todo lo cual puso “en grave riesgo” la vida de la paciente, que estuvo “al borde la muerte” y que ha sufrido “importantes” secuelas “para toda su vida”.


En la sentencia, el juez de lo Contencioso-Administrativo número 12 de Sevilla pone de manifiesto que los sucesivos errores en el diagnóstico hicieron que la enferma “llegara a una situación de gravedad extrema, con un índice de mortalidad que supera el 80 por ciento”, y que motivó que la mujer tuviera que estar ingresada finalmente 171 días, 96 de ellos en la UCI.


Graves secuelas “La falta de un diagnóstico precoz ha puesto en grave riesgo la vida de esta enferma, le ha proporcionado un evidente sufrimiento físico y psíquico y le ha dejado una serie de secuelas importantes para toda su vida”, dice el juez, que relata que a consecuencia del error médico la mujer ha sufrido la extirpación del intestino grueso, la pérdida de audición, deformidad estética importante, trastorno depresivo reactivo, daños morales e incapacidad “absoluta” para cualquier trabajo.


La paciente ha sufrido extirpación del intestino grueso, pérdida de audición, deformidad estética importante… Según relata la asociación El Defensor del Paciente, cuyos abogados han llevado el caso, “el calvario” de la víctima, identificada como C.C.P., comenzó el 19 de noviembre de 2007, cuando se atragantó con un hueso comiendo pollo y comenzó a tener la sensación de la existencia de un cuerpo extraño en la garganta, motivo por el que acudió al servicio de urgencias del Hospital de Ecija.


En ese momento, “se limitaron a mirarle la garganta con un depresor de lengua, y sin más pruebas la mandaron a su casa con el diagnóstico de ‘cuerpo extraño faríngeo'”, lo que motivó que, a las 48 horas, la mujer acudiera de nuevo al mismo hospital “con la garganta ya inflamada y refiriendo el suceso del hueso de pollo”.


Así, los facultativos “le volvieron a mirar la garganta simplemente con el depresor de lengua, y nuevamente la mandaron a casa sin ninguna prueba con el diagnóstico de ‘faringoamigdalitis aguda’, y la prescripción de que la siguiera el médico de ambulatorio”, por lo que la afectada acudió al mismo en días posteriores.


Sin embargo, el médico del ambulatorio “la mandó también a casa”, por lo que la mujer “siguió peregrinando” por distintos centros de salud, “con una evolución a peor, sin que nadie le hiciera caso”, hasta que el día 1 de diciembre de 2007, a los 13 días del atragantamiento, la señora acudió al Hospital comarcal de Osuna “y se desplomó en la puerta, teniendo que ser evacuada en helicóptero al Hospital Virgen del Rocío” de Sevilla.


Una vez allí, el diagnóstico “fue demoledor”, y es que su esófago “estaba literalmente podrido” debido a la presencia del hueso de pollo durante “tantos días” en el esófago, “imposible de ver con un depresor de lengua y que le había causado una infección generalizada”.