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La defensa del soldado Bradley Manning, declarado culpable de filtrar documentos a WikiLeaks, ha intentado demostrar que la cadena de mando falló a la hora de impedir que el joven manejara información clasificada pese a sus problemas mentales.


El abogado defensor David Coombs, que podría terminar este miércoles de presentar testimonios en la fase final de sentencia ante la juez militar Denise Lind, ha intentado demostrar que sus superiores no actuaron pese a los incidentes que ocasionó Mannning durante su despliegue en Irak entre finales de octubre de 2009 y mayo de 2010.


El sargento retirado Paul Adkins, ex supervisor del ex analista de inteligencia ha reconocido que no transmitió a un nivel más alto su preocupación por los problemas mentales del joven, ya que lo necesitaban en su equipo en Irak ante la falta de personal.


Adkins, que se ha escudado durante el juicio en que sufre pérdidas de memoria, reconoció que no transmitió a sus superiores las preocupaciones sobre el estado mental de Manning, que sufría por su homosexualidad y un problema de identidad de género.


El sargento retirado explicó que recibió un correo electrónico de Manning titulado “mi problema”, en el que el soldado adjuntaba una foto en la que aparecía vestido de mujer, con una peluca y maquillaje.


Manning explicaba que ingresó en las Fuerzas Armadas para intentar “deshacerse” de sus dudas sobre su identidad. Pese a que el soldado mostraba claros signos de no adaptarse a la vida militar, su supervisor jamás elevó a su comandante sus preocupaciones.


Tampoco solicitó ayuda psicológica o un relevo en las funciones después de un incidente en diciembre de 2009 en Irak, en el que Manning destrozó una mesa con equipos informáticos del Pentágono y tuvo que ser reducido al intentar aparentemente alcanzar un arma en ese incidente.


En otro incidente Adkins, que fue degradado de rango por su manejo en el caso de Manning tras la detención de éste en mayo de 2010 por filtrar más de 700.000 documentos a WikiLeaks, encontró a Manning en posición fetal con un cuchillo junto a él y con claros síntomas de estrés tras propinar un puñetazo a una superior.


Coombs intentó demostrar que tras ninguno de estos incidentes se retiró el permiso para que Manning manejara información clasificada, algo que llevó a que filtrara durante varios meses más de 700.000 documentos secretos.


El coronel David Miller, que supervisó a Manning durante su entrenamiento previo al despliegue en Irak dijo que la cadena de mando ante la que respondía el soldado contaba con militares mediocres, algunos de los cuales fueron relevados de sus puestos.


Además, reconoció que durante su trabajo en su unidad 25 soldados necesitaron ayuda psicológica por el estrés ocasionado en el frente, 16 fueron enviados de vuelta a Estados Unidos durante su tiempo en Irak y dos cometieron suicidio.


Manning fue hallado culpable a finales del mes pasado de la mayoría de los cargos de que le acusa el gobierno estadounidense, entre ellos espionaje y robo de información secreta, aunque fue absuelto de “ayuda al enemigo”, por el que la Fiscalía pedía cadena perpetua.


La juez militar, la coronel Denise Lind, aceptó reducir la posible pena máxima de 136 años a 90 años, debido a que muchos de los cargos tienen una raíz similar, aunque eso no podría ser suficiente para evitar que Manning pase el resto de sus días bajo custodia militar.


Adkins justificó su falta de acción ante los problemas de adaptación de Manning en la imposibilidad de prescindir de un analista ante el ingente trabajo con información de inteligencia en la unidad en la que operaban.


Mañana, la defensa podría finalizar sus interrogatorios de testigos y ha adelantado que Manning podría intervenir en esta última fase que determinará la sentencia, tanto con una declaración leída o sometiéndose a las preguntas de los fiscales.