TwitterUna activista británica Caroline Criado-Pérez dijo le llegaron 50 tuits con insultos y amenazas cada 60 minutos durante 12 horas después de que lanzó una campaña para que los billetes de 10 libras reemplazaran la foto de Charles Darwin por una de la escritora Jane Austin con el objetivo de reforzar el papel de la mujer en la moneda de Reino Unido.


La controversia no hizo más sino crecer, sobre todo por el protagonismo que ella les dio a los mensajes a través de retuits.


Y, después de que miles firmaron una petición para que Twitter tome medidas, la red social escribió un blog titulado “Los escuchamos” en el que prometía hacer que sea más fácil reportar abusos.


El dilema no es blanco y negro, entre otras porque se debate si Twitter es un medio de comunicación con una agenda o una plataforma abierta en la que cualquier persona -con cualquier agenda- puede expresar lo que piensa libremente.


Los trolls, aquellos exasperantes personajes inherentes a la era de internet, son un hueso difícil de roer. Porque también plantean la pregunta de si la tecnología es la mejor forma de luchar contra problemas sociales de enorme complejidad.


Pero mientras Twitter decide qué hacer con semejante dilema, los mensajes maliciosos les siguen llegando a miles de tuiteros que nunca los incitaron.