Lo que heredamos de los inmigrantesJudíos Sefardíes: Traídos por Lilís (Ulises Heureaux), a finales de 1880, desde Curazao. Ampliaron Santo Domingo el comercio importador y exportador, e hicieron significativos avances culturales y científicos.


Los chinos: Se trasladaron en tres etapas: el primer grupo lo hizo por San Pedro de Macorís a principios del siglo XX, donde diversificaron el comercio de repostería, lavandería mecanizada y el cultivo de legumbres.


El segundo, llegó por Santo Domingo a partir del 1949, cuando Mao Tse-Tung tomó el poder. Introducen las relojerías, los autoservicios, supermercados, moteles y cabañas.


El tercero, vino en 1974, desde China Nacionalista, cuando los Estados Unidos rompieron las relaciones comerciales. La mayoría se naturalizó y dedicó a la hotelería (hotel Embajador y Punta Garza en Juan Dolio), condominios y zonas francas industriales.


Japoneses: También mandados a buscar por Trujillo a partir de 1931. La razón de este convenio fue utilizarlos en la producción agrícola (arroz y legumbres), y aumentar la población. Organizaron colonias en Constanza, Jarabacoa, Bonao y a todo lo largo de la línea fronteriza.


Italianos: Su presencia tuvo lugar de forma espontánea, dedicándose a la industria azucarera (Vicini, Giraldi); a la agroindustria (Bonetti y Bolonotto); la relojería (Di Carlo, Capriles); restaurantes (Bonarelli, D’ Agostino). En el país existen cerca de cien apellidos italianos.


Españoles republicanos: En 1939, cuando fracasa la Guerra Civil Española, fijaron residencia en la capital y muchos se trasladaron a las ciudades del interior en busca de subsistencia. Coadyuvaron con la educación, creando colegios y sirviendo como catedráticos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como de las bellas artes, en la pintura, escultura, música y la literatura. Gracias a ellos se creó la Secretaría de Bellas Artes y Cultos (hoy de Educación y Cultura).


Se destacaron: Prat Ventós (el más famoso escultor de nuestros tiempos) y los pintores Gauchat, Vela-Zanetti (autor de los murales del Palacio Presidencial, la feria, iglesia de San Cristóbal, Palacio de Justicia, la UASD).


Judíos alemanes: En 1941 vinieron desde Alemania y otros países de Europa para evitar que Hitler los matara. Sosúa fue su principal sede, donde contribuyeron con el avance de la ganadería, la agroindustria, e introdujeron los estilos arquitectónicos modernos, copiados por Trujillo en la construcción de su residencia (hoy la Cancillería), y otras viviendas erigidas en la avenida Máximo Gómez.


Húngaros: En 1957 se radicaron en Constanza, la colonia mixta de Duvergé y San Cristóbal (éstos últimos se utilizaron en la fundación de la armería).


Definitivamente, la República Dominicana goza de un abanico de razas, cultura, y costumbres que han sido heredadas de otras naciones, a través de las migraciones que siglos atrás arribaron, tanto por voluntad propia, por pedido del dictador Rafael Leonidas Trujillo, o forzados por situaciones de guerras y hostilidades políticas y sociales.