papaEn la fiesta del trabajo, el Papa Francisco denunció vigorosamente el “trabajo esclavo” que se da en todos los países -incluidos los ricos-, y la desocupación creada por factores estructurales y actuaciones egoístas.


El Santo Padre, que comenzó a trabajar como empleado de limpieza en los veranos a los 13 años, recordó el ejemplo de San José artesano y el segundo aniversario de la beatificación de Juan Pablo II, un Papa que fue obrero manual en una cantera y una planta química de Cracovia.


En la audiencia general del miércoles, Francisco se refirió “a todos, y no sólo los jóvenes, que están sin trabajo, muchas veces a causa de una concepción economicista de la sociedad, que busca el beneficio egoísta fuera de los parámetros de la justicia social”. El Santo Padre exhortó a los responsables de los países “a realizar todos los esfuerzos para impulsar la ocupación”.


No tener miedo al sacrificio


Al mismo tiempo, animó a los jóvenes “a esforzaros en vuestro deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás”. Les exhortó “a no tener miedo a los compromisos, al sacrificio”, y “a no mirar con miedo al futuro: hay siempre una luz en el horizonte”. En su saludo a los peregrinos franceses, Francisco pidió “a todas las personas de buena voluntad tomar una decisión firme contra el tráfico de personas condenadas a un trabajo envilecedor, que les convierte en esclavos”.


Por la mañana, en la misa de las siete, el Papa había sido todavía más explícito, recordando “la voz de Dios que preguntaba a Caín, ¿Dónde está tu hermano? Hoy, en cambio, escuchamos esta voz ¿Dónde está tu hermano que no tiene trabajo? ¿Dónde está tu hermano que está sometido al trabajo esclavo?”.


El Papa había invitado a su misa en Casa Santa Marta a las madres jovencísimas y a los menores de edad acogidos en el centro de solidaridad “Il Ponte” de la ciudad portuaria de Civitavecchia, cercana a Roma.