protestaGeneralmente el Palacio Nacional ha sido el espacio más escogido por sectores o grupos para expresar, impetuosa o pacíficamente, una queja o disconformidad, sin embargo, en la actualidad se han incrementado las protestas en las inmediaciones de este escenario.En los últimos ocho meses, en los que el presidente Danilo Medina ha estado al frente de la administración del país, el aumento de las marchas, piquetes y vigilias en la casa de gobierno ha sido más marcado. Solo en lo que va de este mes de abril, al Palacio han llegado al menos ocho protestas. Incluso, se han juntado dos en un mismo día y a la misma hora.


Entre ellas se pueden mencionar la de los artesanos que protestaron contra la exportación del larimar, dominicanos de ascendencia haitiana que reclamaban sus documentos de identidad por parte de la Junta, un grupo que pedía la terminación de una vía y decenas de adictos en recuperación a las drogas que solicitaron un local para construir un centro de asistencia.


El incremento de estas manifestaciones tiene varias lecturas. Puede verse como que han florecido los disgustos y los problemas sociales, fruto del encarecimiento de los productos de primera necesidad, la falta de oportunidades, la carencia de los servicios básicos, como el agua y la luz, etc., con lo que coincide el sociólogo Celedonio Jiménez.


“Un elemento concreto que determina el aumento de esas protestas tiene que ver con las medidas que ha tenido que implementar el Gobierno, evidentemente por la situación de déficit fiscal extremo que dejó el gobierno de Leonel Fernández, medidas que han incrementado el costo de la vida de los dominicanos”, explica Jiménez. Agrega que igualmente se ha hablado de un pacto para enfrentar el problema de la energía eléctrica, que no se ha resuelto. “Todo lo contrario, vemos que se ha incrementado y también la seguridad ciudadana es motivo de gran preocupación”.


Sin embargo, el aumento de las protestas en Palacio también pueden considerarse un indicador de que la población se siente identificada con la apertura y receptividad que ha exhibido el Presidente, lo que ha sido refrendado por representantes de algunos grupos, que han afirmado que la decisión de llevar sus demandas hasta la sede del Ejecutivo es la sensibilidad demostrada por Medina hacia los pobres y a los principales problemas de la gente.


Esta perspectiva es compartida por el viceministro de la Presidencia, Henry Molina, el enlace entre el Poder Ejecutivo y los sectores sociales. Molina ha recibido comisiones de casi todas las protestas que se han escenificado en las cercanías a la casa de Gobierno. Este funcionario debe recibir los reclamos y hacerlos llegar al Presidente. Estas reuniones no programadas se llevan a cabo regularmente en el salón Los Trinitarios.


“También puedo reconocer que una parte de la población se siente cómoda frente a la apertura y receptividad que en términos personales ha tenido el presidente Danilo Medina. Este puede ser un factor estimulante pero no la causa esencial”, insiste el sociólogo Celedonio Jiménez. Medina se ha caracterizado por visitar, principalmente los domingos, cooperativas y comunidades, donde se entrevista con personalidades claves para conocer y comprobar sus situaciones y necesidades. Con esa práctica de frugalidad, que ha marcado un nuevo estilo de gobernar, el jefe de Estado se ha anotado varios puntos.


Naturaleza de las manifestaciones


Los manifestantes que acuden al Palacio Nacional por lo general se apostan en la parte lateral izquierda, en el Parque Benito Juárez de la calle Doctor Delgado esquina México. También se colocan en el parquecito de la 30 de Marzo (lateral derecha), así como en la explanada de las oficinas gubernamentales de la avenida México. Algunos van a pedir la construcción o terminación de obras de infraestructura y viales, otros tantos la intervención del Presidente en diferentes conflictos, como por ejemplo, situaciones que tienen que ver con desalojos de terrenos del Estado.


Además, han ido a solicitar la revocación de algunas decisiones de autoridades, como la revisión del contrato del Estado con la Barrick Gold y la no explotación de Loma Miranda, entre otros reclamos. También han pedido la visita de Medina a sus comunidades para que este vea las necesidades que los apremia y otros han llegado hasta el Palacio solo para recordarle que no ha vuelto a sus comunidades para cumplir las promesas que hizo en los tiempos de campaña.


Las atípicas y las trascendentales…


Pero a Palacio no solo han llegado grandes grupos a reclamar. También han ido a agradecer y a orar por el buen desarrollo del Gobierno. En el primer caso podemos mencionar a los extrabajadores cañeros, que luego de una larga lucha para obtener sus pensiones y de innumerables marchas, vigilias y peregrinaciones hasta el Palacio, se apostaron por última vez en el parquecito de la calle  30 de Marzo, para gratificar a la prensa, pero también al Gobierno la asignación de sus respectivas pensiones.


En el segundo aspecto, cabe recordar la atípica jornada que protagonizó un grupo de evangélicos pentecostales que, con crucifijos y biblias en mano, acudían todos los lunes al parque Benito Juárez a pedir a Dios para que el mandatario tome las decisiones que mejor beneficien al pueblo.


Otras protestas especiales fueron la de los peregrinos que vinieron desde Higüey y se crucificaron en apoyo a Leonel Fernández, cuando parte del pueblo reclamaba a gritos que pagara por el “hoyo fiscal” que dejó a su salida del poder. Dentro de las protestas trascendentales, además de la de los cañeros, también están la de los grupos opuestos a la reforma fiscal y la de aquellos que pedían la asignación del 4% del producto interno bruto para la Educación, que aunque dichas movilizaciones iniciaron en la gestión de Fernández, Medina también tuvo que “cargar con ese reclamo”.


Antes y ahora…


Antes los reclamos, por lo general, llegaban hasta la recepción del Palacio, donde el grupo dejaba un documento con sus demandas y en cambio recibía una promesa, casi siempre incumplida, de que sus sueños llegarían al Presidente. Ahora siguen recibiendo la misma promesa, pero en un salón aclimatado donde le prestan más atención. La diferencia real tendrá que demostrarla el Gobierno.