bangladeshLas organizaciones por la defensa de los trabajadores textiles en Bangladesh han denunciado que la responsabilidad de que ocurran numerosos accidentes en este lucrativo sector es de la negligencia del Gobierno y de las empresas occidentales, más interesadas en el ahorro de costes que en la seguridad.


El derrumbe de un edificio ayer en Bangladesh, que albergaba cinco talleres de confección, acabó con la vida de al menos 300 personas y causó unos 1.000 heridos. En el día de hoy, 62 personas han sido rescatadas con vida de entre los escombros, pero se calcula que al menos 400 personas podrían seguir atrapadas.


La catástrofe, pone en jaque una vez más a un sector que el año pasado generó 15 millones de euros en exportaciones, y que contribuyó a difundir en casi todos los hogares occidentales la etiqueta ‘Made in Bangladesh’. Algunos de los trabajadores del edificio Plaza Rana Savar cobraban 28 euros al mes, haciendo ropa para la asequible marca irlandesa ‘Primark’, entre otras empresas.


La muerte de 111 trabajadores en noviembre de 2012, la mayoría mujeres, a causa de un incendio en una fábrica de ropa cercana a la capital, Dacca, desató la polémica sobre las condiciones de trabajo y la seguridad de los empleados de la industria, la segunda más grande del mundo. Esta fábrica no contaba con equipos contra incendios, las salidas de emergencia estaban cerradas y los empleados recibieron la orden de permanecer en su puesto a pesar del humo. En cuanto al derrumbe de ayer, a pesar de que un día antes las autoridades habían avisado de que el edificio contaba con numerosas grietas, sus jefes les pidieron que acudieran al trabajo.


Más seguridad, menos ingresos


“El Gobierno dijo hace dos años que tomaría medidas para mejorar la seguridad en las fábricas, pero nunca cumple sus promesas”, denuncia Scott Nova, director ejecutivo del grupo por la defensa de los trabajadores con sede en Washington, Worker Rights Consortium. “Las autoridades creen que una regulación de las condiciones laborales más estricta supondría aumentar los costes de producción, lo que daría lugar a que las empresas extranjeras hicieran sus pedidos a otros lugares”, asegura Nova.


Tras la tragedia ocurrida en noviembre del año pasado se realizaron una serie de inspecciones en las fábricas del país. Aún así, en enero se produjo un nuevo incendio en una de las fábricas de suministro de la empresa española Inditex, líder mundial en la industria textil y propietaria de la marca Zara, que causó ocho muertos (dos de ellos, menores de edad).


Para el vicepresidente de la Asociación de Fabricantes y Exportadores del sector textil de Bangladesh, Shahidullah Azim, los accidentes se deben al envejecimiento de las fábricas, que necesitan ser reformadas. “Tememos que algunos compradores cancelen sus pedidos, pero en realidad estamos tratando de mejorar la seguridad en las plantas”, asegura.


Meenakshi Ganguly, director de Human Rights Watch en Asia, cree que los consumidores deberían ayudar a ejercer presión sobre las marcas que se abastecen de Bangladesh. “Lo vimos con el comercio de diamantes procedentes de países en guerra. Cuando la sociedad toma conciencia de este tipo de situaciones, la industria se ve obligada a cambiar”, afirma. Además, Ganguly denuncia la intimidación que existe contra los activistas por la defensa de los trabajadores, algunos de los cuales han sido “asesinados o perseguidos”. Y añade que “los empresarios textiles están por encima de la ley”.