Martin Luther King


Se cumple el 45 aniversario del asesinato de Martin Luther King, un hombre que hizo soñar a millones de personas que, hasta entonces y durante generaciones, habían vivido sumidas en el desprecio por el color de su piel. A este sueño se unieron otros muchos desposeídos, desfavorecidos o contrarios a un sistema que una clase privilegiada no estaba dispuesta a cambiar.


Era la década de los sesenta y Estados Unidos se erigía como el país más desarrollado del planeta y, sin embargo, grandes contradicciones alimentaban a una sociedad que vivía un cómodo presente con la vista puesta en un futuro que se prometía esplendoroso.


Una de las secuelas del pasado que este país arrastraba como una rémora era el segregacionismo racial, al que Martin Luther King se enfrentó consiguiendo arrastrar tras sus prédicas a millones de personas con el mismo color de piel, al mismo tiempo que contagió a otros sectores de la población estadounidense que sufrían las consecuencias de un desarrollismo imparable, pero que alimentaba en su seno la discriminación hacia los más débiles socialmente.


Hoy se cumple el 45 aniversario del asesinato de este hombre que, nacido en Atlanta, Georgia, abanderó una de las luchas que se convertirían, no solo en el germen de un movimiento imparable que marcaría el comienzo de la integración de los que hasta aquellos años habían permanecido tratados como esclavos, sino que además bulliría junto con otros movimientos de protesta que coincidieron en el tiempo y que se alentarían entre si.


LA REVOLUCIÓN DE LOS SESENTA.


La década de los sesenta quedó servida, de esta forma, como una de las épocas más interesantes del pasado siglo XX. Nada, después de los movimientos sociales que en ella se generaron, fue igual. Habían comenzado los tiempos de convulsiones sociales que marcaría a las generaciones posteriores. Y uno de sus principales protagonistas fue Martin Luther King.


Martin Luther King era hijo de predicador que a su vez procedía de familia de predicadores, pues lo eran tanto su abuelo como su bisabuelo, por lo que él mismo manifestaba que había crecido en una iglesia. Pero, fuera de esa, su iglesia, Luther King, experimentó en carne propia la condición de negro que le aislaba del resto de la sociedad blanca.


Precisamente, en su ciudad natal, Atlanta, una de las urbes más racistas de Estados Unidos, los negros eran separados de los blancos desde que iban a las escuela y más tarde en los restaurantes, teatros, autobuses y hasta fuentes públicas. Fue su madre, Alberta Williams, la que procuró inculcarle desde su más tierna infancia una idea que Martin fue fraguando, que ese sistema de segregación racial no era de orden natural sino que había sido impuesto por los hombres blancos desde que siglos antes aquellos fueran llevados desde África para ser utilizados como esclavos en América.


EL BAUTIZO DE LUTHER KING COMO LÍDER.


Luther King comenzó su carrera de líder oponiéndose a la segregación en los transportes urbanos, siendo pastor baptista en Montgomery (Alabama) donde fue destinado en 1954. Tras los conflictos que se produjeron a partir de que una mujer joven negra se negara a ceder su asiento reservado para los blancos, Luther King se bautizó como líder del movimiento de los derech0s civiles. El discurso que ofreció entonces en una iglesia baptista abarrotada de gente se convirtió en el más decisivo de su vida.


“La raza negra está ya harta de ser pisoteada por el pie de hierro de la opresión” y todos ellos formaban parte también de la sociedad americana. King ofrecía a todos la oportunidad de luchar y combatir “hasta que la justicia corra como el agua”.


El movimiento que se creó tras 13 meses que duró el boicoteo permitió a Luther King hacerse un hueco que comenzaba a molestar a los políticos y a la sociedad blanca. John Fitzgerald Kenedy fue elegido presidente en las elecciones de 1960 y apoyó, con tímidas medidas para no suscitar la oposición de parte de la población blanca del sur, el reconocimiento de los derech0s civiles. Sin embargo, su asesinato en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, eliminó esa posibilidad.


Pero ya el movimiento por los derech0s civiles se había puesto en marcha y había logrado extenderse hacia las ciudades del norte del país y protagonizar la que luego se convertiría en la manifestación política más importante de la historia de Estados Unidos, que tuvo lugar en agosto de ese mismo año en Washington.


En 1964 se dio el primer gran paso y, bajo el gobierno del demócrata Lyndon Johnson, en la Civil Rigths Act, a cuya firma asistió Martin Luther King, se prohibió la discriminación en el trabajo por motivos de raza o género. Ese mismo año su labor fue reconocida mundialmente, al ser galardonado con el premio Nobel de la Paz, cuando solo tenía 35 años, “por su constante apelación a la no violencia y por su lucha por los derech0s cívicos”.


Un año después otro gran avance se venía a añadir a los éxitos de este movimiento, la modificación del sistema electoral que garantizaba el derech0 al voto de los negros. Poco a poco, los negros fueron introduciéndose en el entramado social estadounidense, pero detrás dejaron un lastre de violencia y muerte provocado por la radicalidad que en algunos grupos, tanto de blancos como de negros, suscitó este cambio que comenzaba a derrumbar las viejas estructuras de antaño.


“LA TIERRA PROMETIDA”.


Pero, a medida que pasaban los años y no se producían los cambios que él esperaba, el tono del discurso de Luther King se endureció y en él introdujo premisas como la justa distribución de la riqueza y una justicia social que equiparara las posibilidades de todos los hombres obviando su raza o género. La voz del líder negro se hizo oír en todo el país y a ella se unieron hispanos, mujeres y las clases más desfavorecidas de la sociedad estadounidense.


A estas reivindicaciones se unió el malestar generalizado que ya estaba creando la guerra de Vietnam y el movimiento por los derech0s civiles se convirtió en una bomba de relojería. Como consecuencia de ello, Luther King sentía la pérdida de apoyo de los más moderados y, por otro lado, observaba la reticencia de las clases privilegiadas a abandonar sus privilegios.


El carismático líder negro que en otro tiempo concitara a su alrededor todos los apoyos se vio solo y abandonado, y comenzó a temer por su propia vida. El miércoles 3 de abril de 1968, pronunció su último discurso, ofrecido en Memphis, adonde había acudido para apoyar la huelga de los basureros negros. Martin Luther King prometió a los que le escuchaban que les llegaría la “Tierra Prometida”.


Al día siguiente, cuando se encontraba en el balcón del motel Lorraine de esa ciudad, recibió un único impacto de bala, disparado desde el edificio de enfrente, que le atravesó el cuello y le mató.


Un año después fue condenado como único autor del asesinato James Earl Ray, que murió en 1995 en la prisión de Nashville (Tennessee), mientras cumplía la sentencia de 99 años. Earl siempre se declaró inocente del asesinato y solicitó sin éxito en varias ocasiones, la revisión de su caso.