MatroEl Metro, como tal, es un sistema operado por una institución estatal, y los autobuses de las llamadas rutas alimentadoras son también, en consecuencia, parte integral de ese sistema. Por lo tanto, es el Estado el que tiene a su cargo la responsabilidad de asegurar que el mecanismo del “transfer”, es decir, el uso de Metro y buses indistintamente, funcione adecuadamente. La pretensión de los sindicatos de choferes de que el Gobierno les entregue el control de los buses de las rutas alimentadoras es inaceptable desde todo punto de vista.


Esos sindicatos no han podido demostrar, hasta el momento, que observen disciplinas o normas elementales en el transporte, ni que les importe mucho castigar a los usuarios con alzas caprichosas de las tarifas, con recorte de rutas o con un servicio de cero confort en sus unidades. Poner los buses del Metro en manos de esos sindicatos sería condenar el mecanismo de la transferencia a severas distorsiones, porque nadie tendrá garantías de que cualquier día a esos sindicatos les dé con ordenar huelgas o paros sorpresivos en el transporte, o romper las reglas propias del sistema del Metro.


Es una pena que decenas de autobuses nuevos designados para esas rutas alimentadoras hayan tenido que ser estacionados, sin uso, en terrenos de la base naval de Sans Souci durante más de un año, porque los sindicatos han ejercido una desmesurada resistencia frente al Gobierno y éste, olvidándose de que su compromiso primordial es con el pueblo, con la clase más necesitada que usa el Metro, no ha tenido el coraje de poner a funcionar esos autobuses pésele a quien le pese. Y si es preciso usar un mecanismo de disuasión para que funcione perfectamente, pues ahí están las Fuerzas Armadas para hacerse sus mejores garantes. Aquí se impone, pues, cumplir el llamado del Presidente. ¡Manos a la obra!.