Arqueólogos españoles y egipcios han descubierto los enterramientos de cuatro altos dignatarios de la dinastía XVII, que vivieron hace 3.500 años en la colina de Dra Abu el-Naga, en Luxor, antigua Tebas, en Egipto.


La dinastía XVII se desarrolló durante el Segundo Periodo Intermedio (entre 1800 y 1550 antes de nuestra era), en una época de gran complejidad política en la que los gobernantes, en su mayoría de origen siro-palestino, no controlaban todo el territorio y el poder efectivo lo ejercían los mandatarios locales.


Los enterramientos, que se enmarcan en el proyecto hispano-egipcio Djehuty, liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, han sido hallados durante una de las campañas de excavación para estudiar los restos de la dinastía XVII del Antiguo Egipto y de los primeros años de la dinastía XVIII.


Intefmose, el “hijo del rey”


El propietario de una de las tumbas descubiertas fue un personaje llamado Intefmose, a quien las tres inscripciones halladas en su interior, una de ellas acompañada de un retrato en relieve, denominan “hijo del rey”. “Creemos que Intefmose podría ser hijo de Sobekemsaf, uno de los primeros reyes de la dinastía XVII, del que apenas tenemos información histórica”, explica José Manuel Galán, investigador del CSIC.


La segunda tumba pertenece al dignatario Ahhotep, calificado también como “portavoz de Nejen” (ciudad más conocida por el topónimo griego Hieracómpolis). En la cámara sepulcral los arqueólogos encontraron, como parte del ajuar, tres estatuillas funerarias (shabtis) de barro, pintadas y con el nombre del difunto escrito en la parte frontal.


Cementerio de la familia real de la dinastía XVII


Además, durante esta campaña arqueológica se desenterró el ataúd intacto de un niño que vivió hace unos 3.550 años, así como un conjunto de shabtis y linos funerarios de otro niño, el príncipe Ahmose-sapair, que vivió en la transición de la dinastía XVII a la XVIII.


Esta serie de hallazgos confirman, según Galán, que la colina de Dra Abu el-Naga, en el extremo norte de la necrópolis de la antigua Tebas, era el cementerio de la familia real de la dinastía XVII y de comienzos de la XVIII, así como de sus principales cortesanos.