En internet, para inscribirnos en algunas redes sociales, comprar billetes de avión o entradas para un concierto, muchas veces se nos pide descifrar e introducir una serie de letras o números que aparecen borrosos, torcidos o incluso tachados.


Estos engorrosos códigos, conocidos como Captchas (siglas en inglés de Prueba de Turing pública y automática para diferenciar máquinas y humanos), se utilizan para confirman que los usuarios son personas reales y no las computadoras que utilizan los hackers para crear millones de cuentas ficticias desde las que envían correos basura o adquieren de forma masiva productos en la red.


Con los años, los programas que han desarrollado los piratas informáticos para descifrar los Captchas se han vuelto más sofisticados, lo que ha obligado a reforzar la seguridad de los códigos, en muchos casos enlazando las letras o números o incluso superponiéndolos.


En la actualidad, los Captchas son utilizados por más de 350.000 páginas de internet.


En 2007, el inventor de los Captchas, el guatemalteco Luis von Ahn, calculó que 200 millones de esos códigos son tecleados cada día por usuarios de internet.


A una media de 10 segundos por Captcha, eso da unas 500.000 horas diarias invertidas en ellos.


Parece que estos códigos están aquí para quedarse, pero algunas compañías están probando nuevos sistemas para hacerlos más sencillos para los usuarios.