Los italianos han puesto el grito en el cielo tras destaparse ayer el violento arresto que la policía llevó a cabo con un niño de diez años a la puerta de su colegio en Cittadella, en la provincia de Pádua (norte de Italia). Los agentes, vestidos de paisano, introdujeron por la fuerza en uno de sus vehículos al menor, para cumplir con una orden de alejamiento de su madre dictaminada por un juez. El pequeño intentó escaparse, se opuso, e incluso pidió ayuda a su tía materna, quien entre gritos acusatorios a la policía grabó lo sucedido.


Ante la resistencia del niño a acompañarles, los policías le cogieron por los brazos y las piernas utilizando la fuerza para introducirlo en el coche. Unas horas después, el vídeo era difundido en el programa de la televisión pública italiana «Chi l’ha visto?» («¿Quién lo ha visto?»). La polémica esta sembrada. Durante la jornada de hoy, las críticas por todo el país se hicieron oír, pidiendo responsabilidades, así como que se aclarase lo ocurrido.


Fuentes policiales señalaron, según los medios de comunicación italianos, que cuando los agentes acudieron al colegio para recoger al pequeño, su madre y sus abuelos intentaron impedirlo, mientras el niño escapó corriendo, por lo que le persiguieron para poder cumplir con la orden de alejamiento. Por su parte, el secretario regional del sindicato policial italiano, Silvano Filippi, comparó el cumplimiento de dicha orden judicial —para quitar la custodia del menor a la madre y dársela al padre— con la de un desalojo: «Si hago un desalojo, mi deber es llevarlo a cabo, incluso si tengo que derribar la puerta». Así, Filippi también ha querido mostrar su «decepción» por la «superficialidad de muchas investigaciones periodísticas» que, según él, no han indagado en el tema.