“Cuando salgas a la calle, tápate la boca”. Aunque la hemos oído tantas veces, no por repetitiva la advertencia deja de ser válida. Y es que el frío que nos pone enfermos entra por la boca.


Muchas enfermedades o dolencias están directamente asociadas con el invierno. El frío es el principal responsable de algunas de ellas, sobre todo las relacionadas con las vías respiratorias, pero también agrava otras patologías, especialmente las cardiovasculares y reumáticas.


En invierno el aire no se calienta y llega frío a los pulmones, lo que favorece la multiplicación de microorganismos. Además, con la bajada de las temperaturas, los pelillos de la nariz se paralizan y dejan de actuar de barrera frente a los virus y las bacterias.


Gripe, catarro, neumonía, bronquitis, faringitis y otras afecciones víricas del sistema respiratorio son muy comunes durante el invierno. Además, nos movemos en ambientes cerrados, mal ventilados y muy concurridos, lo que también favorece la multiplicación de microorganismos.


Las pautas que se deben seguir frente a las enfermedades del frío son:


• Abrigarse bien.
• Proteger con una bufanda la boca y la nariz (para que el aire que llega al interior del cuerpo sea más cálido y obstaculizar la entrada de virus).
• Evitar en lo posible los lugares más frecuentados.
• Airear las casas.


En invierno no sólo disminuyen los grados sino también las horas de sol, una de las principales fuentes de vitamina D, sustancia esencial para el hueso.Esta vitamina aumenta la absorción de calcio y ayuda a mantener la densidad mineral ósea, por lo que ayuda a prevenir la osteoporosis, una enfermedad que afecta especialmente a las mujeres mayores de 50 años.