Demuéstrale a Cachicha un poco de amor y corre la voz en Facebook y Twitter

¿Qué pensaría si, al abrir el grifo, el agua llegase a su vecino antes que a usted? ¿Y si al encender el televisor quien pagase una cuota extra pudiera ver antes los goles de un partido? O mejor aún, ¿y si la red eléctrica diera preferencia a unos electrodomésticos frente a otros, de modo que decidiera que la tostadora tiene prioridad frente al secador de pelo o el microondas? Suena poco lógico, pero podría darse en la web.
La esencia de Internet, desde su nacimiento, ha sido la igualdad entre los datos. La Red los transporta en paquetes de bits. Van de nodo en nodo hasta llegar a su destino. Desde que se hace clic en la pantalla hasta que aparece el contenido deseado, los elementos que componen ese resultado se distribuyen por la Red de manera equitativa. La infraestructura no sabe qué tipo de contenido está trasladando. Todos son, y deben ser según esta teoría, iguales.

Es cierto que una persona puede contratar una línea diferente, de 3 megas o 10, por ejemplo. Pero eso no es una ventaja competitiva. Siguiendo el símil del grifo, tendrá tuberías con más caudal pero el chorro no le llegará antes que al resto. O al menos no debería tener prioridad en la cola de espera de los contenidos. Simplemente, le cargarán más rápido porque tendrá más ancho de banda.

La clave de la neutralidad de la Red consiste en que se mantenga la garantía de igualdad en el acceso al contenido, sin importar qué contenido sea, qué servicio se use para gestionar los datos o qué dispositivo con conexión haga la petición.

Durante los últimos 20 años, se ha conseguido evitar la creación de un acceso a Internet de primera y segunda clase. Enrique Dans, profesor en el Instituto de Empresa y autor de uno de los blogs de referencia en el mundo de la tecnología y los negocios, describía la neutralidad en la Red como “el hecho de que un bit debe seguir siendo igual a otro bit, venga de donde venga y lo emita quien lo emita”. Algo parecido confirmaba Vinton Cerf, uno de los padres de la red de redes y evangelista tecnológico, en una entrevista con este periódico: “Los proveedores de servicios tienen que entender que no deben privilegiar a un servicio u otro. Cada bit de información tiene que tener el mismo trato”. Tim Berners Lee, creador del lenguaje HTML -el usado para la creación de páginas web- se pronunció en la misma línea en 2006: “La comunicación neutral es algo básico en nuestra sociedad, base de un mercado competitivo justo y de una sociedad democrática. Protejamos la neutralidad de la Red”.

Los dos personajes que definieron Internet como hoy se conoce, ambos premios Príncipe de Asturias, se mantienen firmes en su postura. No quieren que su criatura se convierta en un lugar de privilegios y exclusión.

Los colectivos de activismo en la Red han sabido moverse para crear conciencia entre la clase política. En Europa hay preocupación por mantener una postura común. Hasta ahora se han dado debates y conversaciones, pero nunca una respuesta firme para preservar la neutralidad en la Red.

La comisaria europea de Sociedad de la Información, Neelie Kroes, abrió una consulta pública sobre la neutralidad de la Red que se puede consultar en la web y está abierta a la participación hasta el 30 de septiembre. Está previsto que antes de que termine el año haya una directriz que una a todos los países de la Unión Europea.

De forma aislada, solo Finlandia ha declarado el derecho teórico a acceder a la Red de todos sus ciudadanos, al declarar la banda ancha un derecho. En Francia se da el caso contrario. En marzo de 2009, en pleno debate de la ley Hadopi, conocida como de los tres avisos por ser así cómo se procede antes de cancelar la conexión al usuario, la ministra de Cultura, Christine Albanel, declaró que “el acceso a Internet no es un derecho fundamental”.

Leer más…