La embolización evita hemorragias cerebrales
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MIAMI.- El método de embolización que se ha venido utilizando especialmente en tumores, se utiliza ahora para tratar aneurismas y fístulas que pueden ocasionar hemorragias cerebrales, gracias a una sustancia líquida inyectable en la zona afectada y a imágenes tridimensionales que permiten mayor precisión en el procedimiento.
Las hemorragias cerebrales pueden presentarse, entre otras razones, por la ruptura de un aneurisma, una suerte de balón que se forma en una arteria debilitando sus paredes, o por malformaciones arterio-venosas, explica el doctor Edgard Pereira, director de Neuro-Radiología Intervencionista del John F. Kennedy Medical Center, en Palm Beach.
Pereira señala que las malformaciones arterio-venosas congénitas son fístulas –aberturas o conductos accidentales– por las que las arterias se conectan directamente a las venas, sin los capilares que naturalmente deben existir entre ambas. Las arterias están diseñadas para resistir mucha presión sanguínea, pero las venas no. Una de las funciones de los capilares o vasos sanguíneos diminutos, es bajar casi a cero la presión que trae la sangre en las arterias, de tal forma que cuando la sangre pase a las venas la presión sea mínima.
“Al no existir capilares sino fístulas en una determinada conexión, la vena recibe toda la presión que trae la sangre en la arteria; el resultado es que la vena puede romperse”, indica el especialista.
Alrededor de un 30 por ciento de las personas que sufren una hemorragia cerebral por ruptura de una arteria o de una vena mueren antes de llegar al hospital, según las estadísticas.
De acuerdo con Pereira, para resolver estos problemas de los vasos sanguíneos cerebrales y evitar su recurrencia, se utilizan catéteres con los cuales se rellenan las malformaciones con substancias líquidas especiales, mientras que con un pequeño balón se interrumpe momentáneamente el flujo sanguíneo en la arteria. Cuando el líquido se solidifica –en un par de minutos–, se desinfla el balón para que el flujo sanguíneo continúe y la sangre oxigenada siga nutriendo los tejidos cerebrales. Al final, se retiran el balón y los catéteres.
Según los Institutos Nacionales de Salud, estos nuevos sistemas de embolización cerebral se pueden usar tanto para prevenir hemorragias como para resolver los casos de emergencia cuando éstas ya han ocurrido.
En este último caso, la razón por la cual el líquido no se sale por la ruptura del aneurisma es porque después de unas horas de sucedida la hemorragia la sangre misma tiende naturalmente a coagularse y cerrar en parte la ruptura, lo cual ayuda a que el líquido inyectado no se salga de la bolsa rota del aneurisma, sino que se solidifique adentro ayudando así a cerrar completamente la ruptura y todo el
aneurisma.
De acuerdo con Pereira, en un futuro estará disponible otra estrategia para resolver los aneurismas por medio de pequeñas mallas o stents, tal como se hace actualmente con algunos de los aneurismas de la arteria aorta.
Por ahora no ha sido posible aplicar estos stents a los aneurismas cerebrales debido al diminuto tamaño que tendrían que tener y porque muchas veces tales aneurismas cerebrales se presentan en lugares donde la arteria se bifurca, lo cual haría necesario stents que tuvieran las formas irregulares, casi caprichosas, de las ramificaciones arteriales de la anatomía de cada paciente.
Se sabe que aproximadamente el 5 por ciento de la población tiene algún tipo de aneurisma en el cerebro. Los factores de riesgo comprenden antecedentes familiares de aneurismas cerebrales, y algunos problemas médicos como quistes múltiples en los riñones o estrechamiento de la aorta.
De acuerdo con la National Stroke Association, un dolor de cabeza intenso que se considere como el más fuerte sentido en toda la vida puede ser síntoma de que un aneurisma se ha roto. Otros síntomas incluyen somnolencia o letargo, náuseas o vómitos, debilidad muscular, problemas del habla, entumecimiento en cualquier parte del cuerpo, irritabilidad súbita, crisis epiléptica y pérdida de visión o visión doble.
Aproximadamente 795,000 personas son afectadas cada año por accidentes cerebrovasculares, de acuerdo con la American Heart Association. Los sobrevivientes pueden quedar con graves lesiones o trastornos, dependiendo del tiempo que la arteria quedó obstruida, sin oxígeno. almomento









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