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Shrek, el simpático ogro verde, inició su historia en 2001 cuando le conocimos viviendo aislado en medio de la foresta cuando fue prácticamente invadido por un buen número de seres de cuentos infantiles y perdió su muy querida libertad.

Y de más está decirles que nos gustó el bicho, que nos gustaron sus aventuras, su princesa “transformer”, su amigo el burro y su otro amigo el Gato con botas. Y hasta el dragón que luego nos enteramos no era tal sino dragona, conocimiento que nos llegó por obra y gracia del amigo burro.

Bien, tres años más tarde, como era inevitable, volvió el chico verde en la segunda parte y, pasados otros tres, la tercera.

Pero los de Hollywood no se arredran con facilidad, y es por esa razón que ahora tenemos la que (dicen ellos) es la cuarta parte, o sea, la final, “forever alter”, para siempre, cosa que comprobaremos cuando pasen dos o tres años.

Y, cayendo de nuevo en la historia que escribieran Josh Klausner y Darren Lemke, encontramos a la pareja viviendo en medio del bosque, olvidados del Palacio Real y sus imposiciones y etiquetas, tal y como deseaba Shrek, pero, ah caramba, no todo es color de rosa: el ogro se pone cada vez más verde con el mucho trabajo que le proporcionan sus numerosos amigos del bosque encabezados por el burro y el gato y, quién lo hubiera imaginado, los tormentos que brotan de los chillidos y las travesuras de sus trillizos, cuyas deposiciones hieden al parecer más que todo lo putrefacto del bosque y el pantano.

Y, de esa manera, con el tormento que le acogota, inicia Shrek su nueva aventura que incluirá a toda una tribu de ogros verdes para enfrentar a su diminuto pero alevoso nuevo enemigo, Rumpelstinkin.

Lo peculiar de esta cuarta parte de la saga “ogrenoide” no es lo ya narrado sino el tono con que es narrado. A decir verdad, mucho dudamos que los niños pequeños (de 10 años hacia abajo) puedan captar en toda su intensidad lo que nos quieren decir los guionistas por debajo de las correderas y enfrentamientos. Muchos de los chistes y alusiones de esta historia son, decididamente, para adultos (lo de la “lengüita” nos tomó desprevenidos).

En otras palabras, que, muy a pesar de que no nos parece que en lo que a ingeniosidad y comicidad se refiere no nos parece que esta cuarta parte esté al nivel de las anteriores (en especial de las dos primeras, por supuesto), de todas maneras esta realización de Mike Mitchell es agradable, entretenida y apreciable en su devenir.

Las voces que escuchamos en esta nueva obra del ogro tampoco están ahora a la altura de otras versiones, e ignoramos sus ejecutores porque vimos la versión en español mientras los créditos de que disponemos informan sobre los originales (Mike Myers, Eddie Murphy, Camaron Diaz, Antonio Banderas, etc.), aunque eso pueda deberse a la señalada circunstancia del cambio de tono de la historia, ahora más “dramática”, si se le puede llamar de esa manera.

Quedan pues, informados e insistimos, aunque no es nada del otro mundo, no nos parece que habrán de salir enfurruñados.

FICHA
Shrek para siempre (Shrek, forever alter)
Dirección: Mike Mitchell
Guión: Josh Klausner y Darren Lemke
Música: Harry Gregson-Williams.