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Un templo dedicado a Ehécatl (Dios del viento), parte del recinto sagrado de la ciudad azteca de Tenochtitlán y en el que pudieron hacerse sacrificios humanos, fue hallado bajo un estacionamiento del centro histórico de la capital, erigido sobre esa urbe prehispánica.

Arqueólogos mexicanos realizaron el hallazgo en diciembre pasado cuando inspeccionaban un predio que hasta hace unas semanas era el estacionamiento de un hotel y donde los propietarios querían hacer ampliaciones.

“Es uno de los hallazgos más sobresalientes de los últimos años”, aseguró Raúl Barrera, director del Programa de Arqueología Urbana del Museo del Templo Mayor (centro religioso de Tenochtitlán) y jefe de las excavaciones.

Detrás de un antiguo portón de madera verde en una transitada calle de la capital mexicana, un tractor trabaja abriendo el hueco en el que una decena de especialistas han dejado al descubierto la parte trasera de la estructura circular, construida entre 1486 y 1512.

A unas semanas del hallazgo sólo un selecto grupo de personas ha podido observar los restos ya descubiertos de dos basamentos superiores del templo, uno de ellos casi intacto, así como la base circular en el centro de la pirámide sobre la cual originalmente se levantaba una estructura en forma cilíndrica.

De acuerdo con las referencias históricas, este templo para adorar a Ehécatl tenía 14 metros de diámetro, estaba coronado con un techo cónico de paja y tenía una entrada en forma de boca de serpiente relacionada con el dios Quetzalcóatl (`serpiente emplumada’ en lengua náhuatl).

Sin embargo, la parte frontal del templo no podrá salir a la superficie porque se encuentra enterrada bajo un edificio colonial contiguo que actualmente alberga al centro cultural España, considerado patrimonio histórico.

“La forma circular tiene relación con el remolino y dentro de la cosmovisión es una alegoría, pero su forma redonda permite que el viento circule”, añadió Barrera.