Adeptos al vudú se defienden tras ser acusados de sismo en Haití
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Puerto Príncipe, (AFP).- Con los ojos desorbitados y los miembros agitados la mujer comienza a cacarear como una gallina aterrorizada y se pone bruscamente en cuclillas.
En una casa de Cité Soleil, un barrio de chabolas de Puerto Príncipe, la ceremonia vudú está en su punto máximo. Alguien ata una tela roja al brazo de la mujer, que deja de sacudirse.
Para los fieles, la mujer está poseída por un espíritu de los fallecidos -uno de los 220.000 que se estima murieron en el terremoto de enero en Haití- y en cierta forma está entonces bendecida.
Cuando toma un cuchillo oxidado y comienza a recorrer la pieza, tomando sorbos de una botella que contiene alcohol con sabor a cereza, no se alejan. En cambio, la abrazan y la besan. Y de esa forma también son bendecidos.
Pese al fervor compartido en este rincón de Cité Soleil, un barrio extremadamente pobre duramente afectado por el terremoto, los practicantes de vudú se sienten acosados.
Su culto, proveniente de Africa occidental y que llegó a Haití con el comercio de esclavos, es acusado por algunos seguidores de los cada vez más extendidos cultos cristianos -evangélicos, adventistas del séptimo día, bautistas- como la causa de la ira de Dios que golpeó a su país.








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