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Protegida por enormes medidas de seguridad, una cámara acorazada del centro espacial Lyndon B. Johnson de Houston alberga la mayor parte de los más de 300 kilos de rocas lunares recogidas por los astronautas de las seis misiones Apolo. En julio de 2002, un joven estudiante de la NASA y su novia consiguieron penetrar en el interior de la cámara, hacerse con una muestra de material lunar y escapar del recinto sin ser advertidos. Unas horas después, hacían el amor en la cama de un motel rodeados de polvo lunar.

Thad Roberts y su novia, Tiffany Fowler, tenían por entonces 25 y 22 años y actuaron con la ayuda de dos cómplices que también trabajaban en las instalaciones de la NASA. Los hechos se remontan a una cálida noche del mes de julio de 2002.

Thad, su novia y otra estudiante de 19 años llamada Shae Saur, entran en el recinto del centro espacial a bordo de un Jeep Cherokee sin levantar ninguna sospecha. Al cabo de unos minutos, Thad y Tiffany se meten en un baño, se colocan unos trajes de neopreno y unas mascarillas de oxígeno y acceden hasta la entrada principal de la cámara.

Como explica Carmel Hagen, ninguna persona normal podría acceder hasta el interior de la cámara. Pero estos chicos trabajan para la NASA y están entrenados para resolver problemas como colocar una sonda en Marte, así que las barreras de seguridad no son más que un reto para ellos.

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